sábado, 19 de diciembre de 2009

Mein Berlín

La entrada a Berlín suelo hacerla por la estación de tren de Alexander Platz, a donde llegan los vagones desde el aeropuerto de Schoenefeld.

El aire gélido está impregnado de los olores de esta ciudad (se podría escribir un libro de viajes recurriendo únicamente a este sentido), una impactante mezcla de coles y cebolla hervidas, vino dulce, frutos secos caramelizados, pimienta y mostaza, dan la bienvenida a la liberada “Capital Mundial Germania"


Aspiro profundame
nte frente a la omnipresente torre de TV y Berlín empieza a apoderarse, como un mal virus, del resto de los sentidos, a acomodarse en el espíritu, a expulsar las sensaciones importadas, a hacerse sitio casi con una violenta sacudida.
El mismo proceso una y otra vez, va ganando eficiencia con cada viaje de vuelta a esta ciudad.
Antes de terminar de recorrer la inmensa plaza, el impacto del reencuentro se ha apaciguado y soy quien soy aquí, casi sin darme cuenta.


Me trajo a Berlín un proyecto allá por el 2004. La multinacional en la que trabajaba quería unificar las metodologías de Gestión de Proyectos, aprovechando las buenas prácticas de cada país y desechando las “imperfecciones” de cada cultura.

Durante un año y de forma intensiva los 6 primeros meses, convivimos unos 20 representantes de cada país (nos alojaron juntos en un bloque de apartamentos al más puro estilo MelRose Place), el equipo de dirección alemán y dos psicólogos dedicados pl
enamente a asistirnos no sólo en las sesiones de trabajo, si no también en el tiempo y actividades de ocio, para identificar y resolver conflictos culturales.
Los hubo, vaya si los hubo, como en cualquier convivencia forzosa, pero también, y por la misma razón, grandes dosis de fraternidad y apasionadas complicidades.

Llegamos en pleno invierno y a mi me costó meses encontrarle la gracia a este inmenso bloque gris cubierto de hielo y nieve. Los primeros días los sureños pegábamos la nariz a las ventanas de la oficina extasiados ante las tormentas de nieve, pero la euforia fue cediendo paso a la tristeza, y al cabo de unas semanas estábamos terriblemente deprimidos, mientras nuestros compañeros nórdicos trabajaban con eficacia sin inmutarse.

Como en un gesto de rebeldía, me compré una bici y cada mañana sin pensarlo (porque si lo pensabas un minuto desistías) renunciaba al grupo de taxis que venían a recogernos a “MelRose Place” y pedaleaba insegura al principio y orgullosa siempre, hasta la oficina.

Pero a parte de ese triunfo de la voluntad y del hecho que el proyecto era una de las mejores experiencias profesionales que he vivido, a mi Berlin, me seguía pareciendo inaccesible y hostil.

Hasta que llegó la primavera.
Bueno, aquí la primavera no llega, explota!. Los almendros florecen con rabia vengativa, los parques se vuelven bosques exuberantes, las terrazas se llenan de gente envuelta en mantas bajo las estufas exteriores y los primeros rayos de sol relevan los colores hasta entonces imperceptibles.


El grupo, empezamos a su
stituir las cenas en casas y las tertulias en cafés de mesas de madera y bancos cubiertos de piel envejecida por excursiones domingueras en bici desde Schmargendorf a Prenzlauer Berg para desayunar hasta bien entrada la tarde (me decían que eso era el “Brunch” ;-), y cuando el tiempo ya se estabilizó, por paseos por el Tiergarden y tumbadas en alguna de las playas artificiales a orillas del Spree, un cruce entre ambiente caribeño y chill out de lo más desconcertante.

Conseguimos, con tiempo, esfuerzo y mucha “psicología” consolidar una metodolo
gía común. Nunca se implantó. Al volver a nuestros países de origen y en pleno “Roll-out” nos compró otra empresa, y obviamente impuso la suya. Cosas de la geopolítica corporativa.

Pero de aquello queda un ingente fondo documental, un grupo de amigos esparcidos por todo el mundo y un vínculo eterno con esta ciudad, como con un amor de esos que empiezan con disgusto y acaban atrapándote para siempre.


He vuelto varias veces a Berlín, a reencontrarme con los amigos que viven aquí y con una cuidad que me hace sentir una extraña combinación de libertad y seguridad (tan aparentemente confrontadas) como en ningún otro lugar en el que haya estado.

Ya no me asustan ni entris
tecen el frío, la oscuridad, el hielo y la nieve, es pura fachada que apenas protege lo que encuentras (recuerdas), lo que esconden: belleza, contrastes, ingenio y pasión, caramelizados con una ternura casi infantil y un saludable sentido del humor.

Actualización :):
Mi bici extraída de la memoria (digital) de Pere


jueves, 17 de diciembre de 2009

Tecnología para qué?

Cuando utilizamos las herramientas tecnológicas que identificamos bajo el paraguas de web social o web 2.0, tendemos a la simplificación y a la homogenización.
Catalogamos a personas, grupos y organizaciones en 2.0, 1.0 o en cualquiera de los puntos intermedios que los colocan en una trayectoria evolutiva(¿) que marca la intensidad y destreza en el uso de estas herramientas, principios y valores.
Todos estamos en algún punto de ese continuo. Pero más allá del grado de adopción y conversión hay otras dimensiones que se nos escapan, quizás porque el sentimiento tribal de sabernos diferentes (de momento) a la mayoría, es erróneamente unificador.


Así que a veces, cuando intentas sumergirte en las características de estas herramientas, las prestaciones, el análisis cualitativo, el para qué sirven y a quien, qué necesitamos además de software para utilizarlas con eficacia…etc, se hace necesario ensayar un mapa conceptual que nos ayude a comprender que este escenario “2.0” es tan diverso como la vida misma (en realidad un simple reflejo cada vez más extensivo), que no todo sirve para todo, ni para todos.

No es lo mismo co-crear; que sencillamente relacionarse; que acercarse a la red con la vocación de aprender; que hacerlo con la voluntad de promocionarse, expresarse o difundir el yo (o el nosotros); o para que la tecnología nos asista en el manejo de la ingente cantidad de información que procesamos a diario.


No es lo mismo, porque la actitud estará condicionada por el verbo, porque las motivaciones responderán a estímulos distintos, porque las herramientas óptimas serán distintas en cada caso y porque su implantación tendrá que venir acompañada de procesos que sostengan los objetivos de cada momento y contexto.

Co-Crear requiere cierta organización de un grupo para la consecución de unos objetivos, a priori comunes. Huimos de las jerarquías y las burocracias y yo no las voy a defender aquí, pero para crear en grupo, para la acción colectiva, no acaba de servir la espontaneidad, la autoorganización y la entropía. Parece necesario establecer una reglas del juego que permitan la colaboración eficaz, la asunción de responsabilidades, la resolución de conflictos, la toma de decisiones; un lenguaje común que sostenga el intercambio; una conceptualización previa que permita, aunque la estrategia no sea compartida, un horizonte común; una estructura de la información coherente y diseñada en función de los objetivos. Hay que resolver cuestiones como la retribución a los que colaboran (monetaria, emocional, intelectual..) y la propiedad y uso de los resultados. Y es necesario un liderazgo, aunque sea distribuido, que alinee voluntades y aporte al grupo recursos y confianza para seguir adelante.

Relacionarse por el puro placer de estar conectados, conversar y compartir, requiere menos rigor y más perspectiva. Por qué hay millones de personas en facebook o por qué desayunamos en twitter, o conversamos por el Messenger con amigos que viven en nuestro barrio, o compartimos fotos, música, películas, anécdotas, miedos, intereses, #frasestontas, o la angustia por un globo a la deriva a miles de km?. Todo esto tendría tantas respuestas como individuos existen en cada uno de esos ecosistemas sociales, pero creo que las respuestas (las que se me ocurren) derivan hacia esa colectiva soledad ruidosa y ese desconcierto paralizante en el que vivimos y del que ya hablé en un texto anterior (no me repito).


Promocionarse requiere de estrategias y herramientas que le metan un turbo al proceso de relación. Se renuncia a la naturalidad en beneficio de la eficacia. Eficacia en la consecución un objetivo claro y específico, estratégicamente diseñado para un público (target ;-¿) del que esperamos atención, reconocimiento, dinero, adhesión…en cualquier caso (quizás en el peor de ellos) cierto sometimiento a nuestra influencia.


El Aprendizaje seguramente es inherente a todos los procesos anteriores. Y a falta de capacidad para definirlo mejor, recurriré a Wagensberg para enunciar que “Toda mente humana se la ha de ver con la adquisición de nuevo conocimiento, por lo que toda mente necesita estímulo, conversación, comprensión, intuición y gozo intelectual” y que eso ocurre gracias a la conversación entre aquellos “que no ignoran lo mismo”.


La tecnología “nos hará libres” (salvando el exceso) pero será la comprensión de las dinámicas de interacción entre personas (humanos era otro exceso) lo que nos permitirá no convertirnos en esclavos de la misma.

PD: Nieva intensamente ahí fuera!

sábado, 5 de diciembre de 2009

La Red o la Vida

La movilización colectiva siempre conmueve, asusta, fascina, genera adeptos (independientemente de la causa movilizadora), excita, abre una brecha en el devenir cotidiano y solitario de nuestras vidas.

Digo solitario independientemente de si vivimos solos, en pareja, en una comuna o de si trabajamos en un supermercado o en una cabina de rayos X, de si practicamos yoga en nuestros descansos o bailamos merengue todos los jueves.

Sentimos solos.


Algunos y a veces son capaces de compartir, pero compartir no es co-sentir, y aún en el mejor coito, un orgasmo es personal e intransferible (que nadie se quede aquí jugando con la broma fácil, por favor, que voy en serio ;-)

Pero de vez en cuando sentimos colectivamente y creo (es una hipótesis sin ningún rigor científico) que lo que nos mueve, más que los intereses comunes, más que la causa cohesionadora, más que una calculada estrategia de masa crítica, és o también o sobretodo, sintonizar una frecuencia común, experimentar algo que nos trasciende, emborracharnos al ritmo de los tambores, sentirnos fuertes, casi felices, co-sentir con los otros durante un periodo de tiempo, hasta que la orgía termine y cada uno vuelva al devenir cotidiano y solitario de sus vidas.


Creo (y me preocupa creerlo) que lo dicho hasta ahora aplica por igual al soporte a un manifiesto contra una ley, que a la elección de Chikilicuatre para el festival de eurovisión, a la aflicción por la muerte de Michael Jackson que al horror de las protestas en Irán durante las últimas “elecciones” (estas dos últimas se alternaban el Top Trend Topic hace unos meses)

Pero no importa. Me consuela pensar que lo realmente interesante es la capacidad transformadora de una masa organizada. "Al menos, protestamos!"

Hace falta encontrar buenas causas, claro, pero de esas sobran y hace falta criterio para defenderlas, pero sobretodo hace falta despertar de un a veces preocupante estado de anestesia colectiva en el que parecemos sumidos y redimidos a golpe de click en los infinitos grupos digitales creados en cualquier red social que se precie.

Relacionarnos en Internet está dando respuesta a necesidades propias de una sociedad fragmentada, que ha perdido los vínculos comunitarios tradicionales, que está redefiniendo los parámetros del compromiso. Una sociedad competitiva, programada para minimizar costes de transacción (también afectivos), para minimizar riesgos (también afectivos), para consumir y entretenerse , individualista, cada vez más bombardeada de información pero seguramente peor informada, hiperconectada pero no menos sola, desorientada, heredera de las revoluciones masivas del S.XX pero escéptica (aunque sólo sea por la facilidad de perder el foco sobre el que nuestros actos pueden tener algún impacto real) sobre nuestro protagonismo en los acontecimientos que transformarán este mundo en algo más tolerable.

Y el mundo (como la verdad ;-) está ahí fuera.

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Manifiesto "En defensa de los derechos fundamentales en internet"

Ante la inclusión en el Anteproyecto de Ley de Economía Sostenible de modificaciones legislativas que afectan al libre ejercicio de las libertades de expresión, información y el derecho de acceso a la cultura a través de Internet, los periodistas, bloggers, usuarios, profesionales y creadores de internet manifestamos nuestra firme oposición al proyecto, y declaramos que…

1.- Los derechos de autor no pueden situarse por encima de los derechos fundamentales de los ciudadanos, como el derecho a la privacidad, a la seguridad, a la presunción de inocencia, a la tutela judicial efectiva y a la libertad de expresión.

2.- La suspensión de derechos fundamentales es y debe seguir siendo competencia exclusiva del poder judicial. Ni un cierre sin sentencia. Este anteproyecto, en contra de lo establecido en el artículo 20.5 de la Constitución, pone en manos de un órgano no judicial -un organismo dependiente del ministerio de Cultura-, la potestad de impedir a los ciudadanos españoles el acceso a cualquier página web.

3.- La nueva legislación creará inseguridad jurídica en todo el sector tecnológico español, perjudicando uno de los pocos campos de desarrollo y futuro de nuestra economía, entorpeciendo la creación de empresas, introduciendo trabas a la libre competencia y ralentizando su proyección internacional.

4.- La nueva legislación propuesta amenaza a los nuevos creadores y entorpece la creación cultural. Con Internet y los sucesivos avances tecnológicos se ha democratizado extraordinariamente la creación y emisión de contenidos de todo tipo, que ya no provienen prevalentemente de las industrias culturales tradicionales, sino de multitud de fuentes diferentes.

5.- Los autores, como todos los trabajadores, tienen derecho a vivir de su trabajo con nuevas ideas creativas, modelos de negocio y actividades asociadas a sus creaciones. Intentar sostener con cambios legislativos a una industria obsoleta que no sabe adaptarse a este nuevo entorno no es ni justo ni realista. Si su modelo de negocio se basaba en el control de las copias de las obras y en Internet no es posible sin vulnerar derechos fundamentales, deberían buscar otro modelo.

6.- Consideramos que las industrias culturales necesitan para sobrevivir alternativas modernas, eficaces, creíbles y asequibles y que se adecuen a los nuevos usos sociales, en lugar de limitaciones tan desproporcionadas como ineficaces para el fin que dicen perseguir.

7.- Internet debe funcionar de forma libre y sin interferencias políticas auspiciadas por sectores que pretenden perpetuar obsoletos modelos de negocio e imposibilitar que el saber humano siga siendo libre.

8.- Exigimos que el Gobierno garantice por ley la neutralidad de la Red en España, ante cualquier presión que pueda producirse, como marco para el desarrollo de una economía sostenible y realista de cara al futuro.

9.- Proponemos una verdadera reforma del derecho de propiedad intelectual orientada a su fin: devolver a la sociedad el conocimiento, promover el dominio público y limitar los abusos de las entidades gestoras.

10.- En democracia las leyes y sus modificaciones deben aprobarse tras el oportuno debate público y habiendo consultado previamente a todas las partes implicadas. No es de recibo que se realicen cambios legislativos que afectan a derechos fundamentales en una ley no orgánica y que versa sobre otra materia.


Por favor difunde este manifiesto en tu blog, Twitter, en redes sociales, en foros o imprímelo y repártelo.

martes, 1 de diciembre de 2009

La banda de Pdfeu

Hace días que terminó la conferencia Personal Democracy Forum... Que terminó el encuentro, porque sus ecos, crónicas, enlaces, recuerdos y conversaciones…zumban por la red como una sombra que se alarga sin remedio.

No pretendo contribuir a la ingente cantidad de contenidos que se han volcado sobre la parte pública de la conferencia. Los que pudieron asistir, lo han hecho sobradamente. Quiero cerrar, con un punto y aparte, mi experiencia compartida con un grupo de compañeros, para organizar esta convocatoria.

Los dos viajes a NYC este año con los compañeros de NuestraCausa consolidaron la celebración en Barcelona de esta conferencia. Pero no fue hasta mediados de agosto que una llamada Telefónica de Andrew Rasiej advirtiendo a Marc López “It's no time to relax” convulsionó nuestras vacaciones a la española y nos puso en órbita para empezar a activar la maquinaria.

Siempre he pensado que los proyectos no existen hasta que no se conforma el equipo. Y este empezó a consolidarse poco a poco al más fiel estilo Ocean’s 11 (algunos más en este caso). Personas que conocíamos los del primer núcleo, gente que se ofrecía, unos que se traían a otros…y así como si de una Jam session improvisada se tratara, fuimos montando la banda.

La gestión de ponentes (viajes, alojamiento, agendas…), el diseño de contenidos, la campaña de marketing y promoción, La gestión de la prensa (acreditaciones, entrevistas concertadas..), la gestión económica de la sponsorización, la preparación de la Torre AGBAR (tecnología, mobiliario, logística, seguridad…) y del hotel continguo, cartelería, imprenta, catering, gestión de inscripciones y registro con diversos grupos especiales, la logística del evento en sí (políticas de seguridad del edificio, movimiento de personas en varios escenarios, protocolo de recepción de personalidades públicas…) ...En fin toda una juerga.

La tensión fue en "crescendo", durante las semanas previas, especialmente cuando nos acoplamos con el equipo organizador de la conferencia en NYC, de forma cotidiana, con horarios diabólicos que nos convertían en una oficina abierta 24 horas al día. “Bienvenidos al día de la marmotarecordaba Marc Garriga en un post, rememorando una de la bromas habituales de los últimos días.

Los proyectos, a veces, entran en dinámicas tan fascinantes como perversas. Ocurre cuando (y especialmente de forma colectiva), coges tal velocidad y concentración que el resto del mundo pasa a gran velocidad a ambos lados de la capsula del cohete dónde tú y los tuyos compartís un viaje, unos rituales, una experiencia común, un aprendizaje y un ecosistema de relaciones tan cohesionadoras como adictivas. No recordaba la experiencia desde que me dedicaba a proyectos de implantación de software, durante las fases previas al arranque.

La noche antes de empezar todo, mientras organizábamos los últimos preparativos en la Torre, Marc López me preguntó “Todo bien?” le contesté que sí, que empezaba a perder el control. Se puso pálido pero en realidad era la mejor de las premoniciones: El control, lo tomó el equipo.
Empezaron a agruparse según un primer cuadro de posiciones, tomaban sus propias decisiones y resolvían detalles difíciles de prever en una planificación a priori.
Un equipo funciona cuando deja de necesitar mirar a un punto fijo para movilizarse (parece obvio pero no lo és, a veces el liderazgo se confunde con omnipresencia y dependencia). Esa actitud del grupo salvó todos los obstáculos de la carrera que nos íbamos a dar los dos días siguientes. De vez en cuando había que tomar una “executive decision” (otro de los gags comunes), pero la autonomía y la diligencia con la que ese equipo trabajó me sigue haciendo sonreír después de tantos días.


Contagiaron al estricto personal de AGBAR que se integraron con nosotros olvidando los límites contractuales y hasta los uniformados hombres de seguridad (los conozco, son serios de profesión) nos lanzaban sonrisas cómplices cuando por cansancio o despiste dejábamos la puerta desatendida y corríamos a su llamada para identificar a alguien no acreditado.

Hay mil anécdotas que harían largo y pesado este escrito, que sólo pretende ser un tributo a aquellos con los que comparto cierto vacío post-traumático estos días, que me recordaron que el sentido del humor no está reñido con el rigor profesional, y que un grupo de personas comprometidas y entusiastas son capaces de cualquier cosa.

Va por vosotros

Marc López
Gemma Urgell
Marc Garriga
Ikuska Sanz
Miriam Alvarado
Clement Paume
Edgar Rovira
MArc Pallarés
Joakim Vivas
Ana Fernández
Chris Pinchen
Nuria Jové
Susana Berniola
Anna Zaera
Sergi Sabate
Ana Salazar
Laura Bononchini
Antonella Napolitano
Meritxell Fuster y Jordi Sánchez (AGBAR)
Irina González dirigiendo al equipo de cámaras de la URL Blanquerna
Los chicos de CivicoLive de Birmingham
Y desde NYC Andrew Rasiej, Micah Sifry y Anthony Russomano

sábado, 10 de octubre de 2009

Duelo de consultores

Hoy he desayunado con un colega, un consultor, podríamos acusarlo de “industrial” Me permito la licencia por los años de respeto, admiración y afecto mutuos, pero ciertamente enfocamos la profesión y la vida de forma diametralmente opuestas.
Quizás por todo ello, la conversación es rica y apasionada, la que se da “entre aquellos que no ignoran lo mismo” como dice Wagensberg

Hace un año aproximadamente me invitó a impartir una de sus clases sobre Administración electrónica y eGovernment en un postgrado, no recuerdo dónde la verdad. Buscábamos el enfrentamiento dialéctico en directo para estimular el debate en la sala y nos divertimos (los alumnos más).

Y la semana pasada se coló en un seminario que Elena Sanz Marc Garriga y yo preparamos para alumnos del IESE, sobre entornos 2.0 en las organizaciones y amenizó la tarde cada vez que levantaba la mano, para replicar un argumento.


Es más un juego de roles que define nuestra relación que divergencias de fondo, pero desde que voy por libre, he rechazado cordialmente trabajar con él, porque aunque es uno de los mejores consultores que me he encontrado en años, me da pereza enfrentarme a un conflicto de valores en pleno proyecto.


Hoy hemos dedicido encontrar lo que nos une, para colaborar. Yo que nunca estoy segura de nada, me he alegrado de encontrar en él la disposición a cuestionarse algunas certezas. Así que desde la humildad de la duda y las ganas de experimentar, empezaremos a re-conocernos.


Me encantará explicarle a Luis como resulta una implantación de SAP a la artesana ;-)
Sé que lo primero con lo que vamos a “enfrentarnos” es a la liberación y la apertura de la información.

Yo, salvo restricciones del cliente, no me cuestiono publicar mi trabajo; para él, para ellos, representa un activo, algo en lo que se invierten unos costes y que tiene valor en sí mismo como ventaja competitiva ante otras empresas.


“No publicaré mis métodos, mis ideas, mis conclusiones, porque alguien las puede copiar y aprovecharse de mi esfuerzo”


Es una reivindicación aparentemente lógica aunque muchos pensemos que el talento no es transferible, que la sabiduría que da la experiencia no se puede copiar, que las palabras sobre un documento no son exactamente conocimiento, o que pensar que la aportación de terceros no puede mejorar tu producto es algo entre la ingenuidad y la arrogancia. Si, pero…


Hay un pero respetable y es la falta de reciprocidad. Los que nos movemos en entornos “abiertos” estamos obligados a reconocer que por mucho que tú publiques, es más lo que recoges que lo que das. Es una cuestión de masa crítica. Y esa generosidad colectiva estimula (o al menos no bloquea) la propia.
En su entorno, dónde aún reza la máxima de que la información es poder, esa compensación no se dará, o tardará mucho tiempo en ser equitativa y culturalmente aceptada.

Además nosotros reutilizamos con mucha más creatividad y libertad que ellos, sujetos a procedimientos y metodologías propias y rígidas que difícilmente se verán enriquecidas con lo que “encuentren” ahí fuera. Así que esa ventaja también se ve mermada.


Otro factor que influye es la administración del prestigio, la visibilidad, la reputación. La nuestra basada en la calidad de los contenidos y en la conectividad y la suya en el balance de su cuenta de resultados. Sus marcas y su capacidad comercial se desarrollan por mecanismos distintos a los que encontramos en la red.


Y quizás hay algo más que tiene que ver con las fronteras de tu foco de interés. Más allá de réditos, estrategias compensatorias y retornos, a mi me preocupa el mundo y si el conocimiento compartido ayuda colectivamente a avanzar hacia una mejor comprensión de nuestros retos como sociedad (evito especie, aunque es lo primero que he escrito), pues bienvenido sea el copyleft. Así es como yo entiendo la responsabilidad social corporativa de mi empresa unipersonal, algo difícilmente compartido por una organización como la de mi colega.

En fin, que me ha dicho que pronto se abre una cuenta en twitter, así que ya os lo presentaré para que me ayudéis a sacarle del lado oscuro de la fuerza.

Actualización 17/10/09:



Vía David Sánchez Bote

martes, 15 de septiembre de 2009

Pasión Artesana

Mi padre era Artesano. Bueno aún lo es porque aunque no ejerce ya una actividad profesional, la virtud le sigue acompañando en una madurez difícil pero serena.

Era mecánico tornero, y parece ser que de los mejores. Amaba lo que hacía.
Desde niño le apasionaban las formas que podía adoptar el metal. Su madre, siempre cuenta que se pasaba la vida remendando sus bolsillos que se rompían cada dos por tres, debido a que mi padre iba recogiendo por la calle tornillos, tuercas y demás golosinas, para desesperación de mi abuela.


Trabajó en la industria de forma eficiente y terminó de jefe de taller respetado y admirado por el personal, los proveedores y los clientes, pero frustrado por unas condiciones que le impedían hacer las cosas, todo lo bien hechas que merecían aquellas piezas que él trataba como si tuvieran vida.

Este verano he leído “El Artesano”, que se ha convertido en material de referencia y debate entre la comunidad de colegas cercanos. En él Sennet sostiene cosas así “Para el defensor de la calidad absoluta que hay en todo artesano, cada imperfección es un fracaso”.

Finalmente mi padre se armó de valor, dejó la industria, compró algunos tornos, fresas, taladros y otros cacharros para las segundas operaciones y montó un pequeño taller. Era conocido y reconocio en el sector(tenía una buena red), era un profesional de élite (quizás en un sentido distinto al que asociamos con facilidad esta palabra), y un sentido de la responsabilidad incorruptible. Le venían a buscar a su pequeña trinchera, ofreciendole trabajos mucho mas rentables pero el se quedó, y a pesar de que el negocio nunca fue un éxito, él era feliz.

Lo explica, volviendo a una referencia de Sennet, C.Wright Mills, sociólogo de mediados del s.XX: “El trabajador con sentido artesanal se compromete con el trabajo por el trabajo mismo; las satisfacciones derivadas del trabajo constituyen su recompensa; en su mente, los detalles del trabajo cotidiano se conectan con el producto final; …el trabajo se relaciona con la libertad para experimentar; por último, en el trabajo artesanal, familia, comunidad y política se miden en función de patrones de satisfacción interior, de coherencia y de experimentación”.

Convertimos nuestras habilidades (en el mejor de los casos) en una forma de ganarnos la vida, pero aunque sea atrevido y casi frívolo diré que la vida no te la ganas, la vives. Y si la vives con coherencia, disfrutando de lo que haces, encontrando aquello que te produce una extraña “satisfacción interior”, la vida está ganada.

Espero no dejarme a ninguno de los compañeros que están estos días hablando sobre la Consultoría Artesana. Aquí tenéis algunos hilos de los que estirar por si os interesa la reflexión
:

Declaración Artesana
Soledad Artesana...dichosa soledad
Declaración de Consultoría Artesana
Aprender a aprender, aprender a ser, aprender a compartir
Consultoria Artesana, una Comunidad de Práctica

y a pesar de "Difícil que es la reflexión colectiva", estos y muchos otros, vamos
avanzando en este debate milenario sobre el ser y el hacer.

martes, 25 de agosto de 2009

Buscando a Homero

En Ios dicen que murió Homero y que aquí supuestamente yacen sus restos. También en esta isla se rodó la película El Gran Azul, un icono para los amantes del mar y el submarinismo. Razones suficientes (salvando las distancias) para venir hasta aquí.

El caso es que ha costado mucho encontrar los restos de uno y la atmósfera de la otra, y de alguna manera, finalmente, sus extrañas conexiones.

Al preguntar por Homero y su tumba, la gente se encogía de hombros. Muchos ni sabían de quien hablaba y otros daban instrucciones vagas, pero todos hacían una curiosa referencia a su madre. “Homero?, quien sabe, pero su madre era de Ios”, refiriéndose a ella como a una antigua vecina que han conocido por referencias directas.

Cuando hablé por primera vez con Terry, le hice la pregunta de rigor (a estas alturas deben conocerme por aquí como la pesada de Homero) y su respuesta fue delirante: “Ah Homero!, quien sabe. Quizás ni siquiera existió, pero su madre era de Ios” ;-!

No hay ningún transporte público para llegar a la tumba ni a sus alrededores. Pensé en alquilar una moto(pero me sentía insegura), un Quad(pero me sentía ridícula) y alquilar un coche para una persona me pareció un despilfarro, dilatado hasta no quedar más opción. Intenté formar un pequeño grupo entre los chicos que se tumban como zombis en la piscina todas las mañanas, pero ni sobornándolos con cervezas.

Entonces Maroussa, la dueña del hotel, me presentó a Terry, un londinense que lleva 30 años en la isla durante los cuales, ha montado varios bares, un restaurante mejicano, un centro de buceo y qué se yo. Acogió al equipo de rodaje de El Gran Azul. “Murió uno de los submarinistas, y juzgar por cómo acababan las noches, fue un milagro que no pasara nada más”.
Es de esas personas con las que acabas teniendo una conversación en forma de elipse infinita.


“El coche de Terry no es el mejor de la isla…pero..”, me había prevenido Maoussa.
Ayer fue el día señalado para la expedición a la que finalmente se unieron Gissele(Brasil) y Andrea(Rumanía). Nos subimos en la tartana de Terry y nos pusimos en marcha en busca de Homero.

La carretera termina frente al precipicio del cabo norte de la isla, en una región llamada Plakotos. Allí, tras recorrer un camino de tierra, se alza sobre un montículo de piedras, como un faro a navegantes, la losa dónde supuestamente yace el hijo de “la madre de Homero”.
Si aquel sitio no es su tumba real, la imaginación colectiva no podría haber configurado un lugar mejor. En la cima de una colina, frente al mar y rodeado de una nada tan absoluta y embriagadora que parece realmente un lugar a medio camino entre el mundo de los vivos y el de los dioses.

Teníamos previsto recorrer la isla y visitar lugares que no te explica ninguna guia (se lamentaba TErry), pero su coche se paraba cada ciertos quilómetros frente a una cortina de vapor que salía por el capó delantero. Fuimos agotando nuestras reservas de agua en el sediento trasto, pero la última explosión fue realmente violenta, así que las chicas pidieron ser llevadas al hotel.
Terry y yo seguimos trotando, visitamos las casas de algunos de sus amigos, abría con su llave las iglesias y los monasterios más perdidos, visitamos un antigua castillo en ruinas (no sabría decir de qué época) buceamos en Koumbara, comimos en una fonda que nos acogió como familia y fue desplegando ante mi, los secretos más fascinantes de la isla. Aludí a mi cumpleaños en la lucha por pagar la cuenta de la comida y a media tarde, me dejó sana y feliz en el hotel entre despedidas llenas de gratitud y complicidad.

Al caer el sol me dirigí hacia la montaña y me senté en una de las última piedras de la última iglesia de las que dominan la ladera de Chora. Al bajar, tras la puesta de sol, vi a lo lejos a Terry, en mitad de la cuesta, recostado sobre una piedra. Me miraba bajar en medio de la gente. Estaba allí, esperándome. Me sentí entre irritada por la “invasión” y contenta por volver a verle. La cortesía hizo el resto y me dirigí hacia él al llegar a su altura. “Soy muy viejo para subir tan alto” se disculpaba. Yo no entendía. Hasta que de una bolsa sacó dos latas frías de cerveza y un sobre “Happy Birthday, Maria”.

Efharisto Terry!.

domingo, 23 de agosto de 2009

Las noches de Chora

Las noches de Chora “no son para mi”.
Las tradicionales casitas blancas se convierten en discotecas estrepitosas ante las que se agolpan chicos y chicas, ellas exuberantemente mini-vestidas, ellos vulgarmente semi-desnudos.
Las tranquilas calles empedradas que durante la tarde se llenan de sillas dónde gentes de todas las edades juegan al ajedrez o al backgammon, se transforman tras la puesta del sol en una pasarela por las que las chicas se tambalean sobre sus tacones y los chicos…también ;-)


Las puestas de sol, son no obstante el único (y sublime) momento del día de convivencia entre generaciones, culturas, foráneos y locales.
Como si convocaran un “todos a sus puestos”, apenas empieza a caer el sol, nos dirigimos en masa a los puntos más altos que tenemos a mano, para celebrar el espectáculo. Desde una colina vemos los grupos de la que tenemos enfrente, las terrazas, los tejados a los que la gente se encarama. Todos, con la mirada fija en el astro rey. Todo acaba con aplausos y euforia colectiva. Un poco “Paz y Amor” pero bonito, la verdad.


A partir de ese momento empieza el desenfreno. Me recomendaron unos cuantos bares locales, dónde no dejan entrar a turistas, y en mi imaginación se formó algo más acogedor –a pesar de las restricciones de entrada-, más comprensible –a pesar de la cultura- , pero alguien me recomendó no ir. “Los de aquí, son aún más salvajes que los de fuera”. Debe ser el viento, incansable, que zumba día y noche sin tregua, en la isla.

Chora es un espectacular enjambre de edificaciones bajas, apenas un par de pisos, encaramadas en la ladera de una montaña, de forma que sus calles son un laberinto de escaleras y cuestas empinadas que conectan los tejados de unas casas con los techos de otras. El espacio privado y el público se confunden. A veces una calle desemboca sin ninguna barrera visible en el patio privado de una casa y subiendo unas escaleras que parecería que conducen al primer piso de la vivienda, apareces en el nivel superior de un callejón público. Tardé un par de días en aprender el camino a “casa” sin perderme.

En las pequeñas ermitas que hay salpicadas por todo el pueblo, hay un cartel que dice algo así como “Prohibido subirse al techo [abobedado –un juego tentador, la verdad-]. Esto es un lugar sagrado que merece respeto. Y en cualquier caso, es peligroso para tu integridad física porque la bóveda es antigua y puede ceder bajo tus pies [por si el primer argumento era insuficiente]”. Mis rondas nocturnas, me han confirmado que ambos argumentos son tristemente insuficientes.

Una noche, siguiendo los consejos del dueño de la Taverna Nest, dónde ceno cuando el Katogi está hasta la bandera, encontré una plaza, dónde a partir de la medianoche, se descuelgan las guitarras y la gente corea canciones tradicionales. Los que no cantan mueven la cabeza y los labios siguiendo una letra incomprensible para mi, pero en el lenguaje universal de la música, nos invade un sentimiento común.

Señalé con el dedo la bebida que más circulaba por allí. El camarero exclamó un “UUuuhhhh” (yo sonreí ingenua), vertió miel en una jarra, le echó un líquido (después me dijo que era Grappa) un chorrito de limón y lo calentó al vapor de la cafetera.
Me abrasé la garganta, y se me licuaron los ojos, la música sonaba mejor, y con un par de vasos más me veía capaz hasta de entender las letras, pero a estas alturas una conoce sus límites así que me despedí a tiempo de mis decepcionados colegas de barra y volví a perderme camino de casa.

viernes, 21 de agosto de 2009

Katogi

Hay por aquí otro paraíso. Este es gastronómico.
Los primeros días había "subsistido" a base de empanadas de pita, crepes, o alguna comida apresurada y desencantada. Me sentía hambrienta y desganada a la vez. Hasta que una noche, me di de bruces con “Katogi”, desde fuera un patio escondido bajo unas escaleras, al que nunca entrarías sin intención de allanar morada ajena.

Al asomar la cabeza, una chica me hizo un gesto con el brazo y me invitó a sentarme en una de las mesas del patio. Un espacio al aire libre, cubierto por una enredadera y que antecedía a una casa antigua (casi una cueva) dónde se encontraba el restaurante.

Hay apenas una decena de mesas de madera serpenteando el callejón, enarbolado de macetas, farolillos, velas, coronas de flores, jaulas vacías. Otra dimensión: Dejar atrás el mundo de la musica-ruido, de la comida rápida y de las luces locas. Será otra “reserva protegida”, acogedora, sensual. Ella lo es, la mujer que me invita a entrar. Es joven, alta, espigada, atlética pero de formas suaves. El pelo negro y lacio le cae por la espalda agresivamente tatuada. Parece una rockera dura pero sus ojos verdes son dulces y alegres. Sin duda una de las mujeres más bellas que he visto en mi vida.

Me acomoda en una mesa pequeña entre el final del callejón y el inicio de la cavidad de la piedra. Mi asiento también es de piedra. Un montículo que sobresale de la pared y sobre el que hay una esterilla y un par de cojines de ganchillo. Sucios pero sin ofender.

Suena una música embriagadora. No sé que es, algo entre Demis Roussos i Dulce Pontes (que me perdonen todos los posibles aludidos). Una voz femenina que evoca todas las posibles veladas desde Cádiz a Estambul.

Después de concentrarme en la carta unos minutos, me rindo y dejo que ella me aconseje. Da igual, a estas alturas he decidido que cenaré aquí todas las noches y jugaré con cada una de estas delicias.
Escogemos un trozo de feta rebozado y servido sobre una lecho de miel y un arroz con champiñones y crema de queso.

Mientras espero, las mesas se van llenando. Todos se conocen, todos se saludan y se besan efusivamente, entre ellos y con la bella camarera. Me siento una intrusa. A pesar de las miradas complacientes y de sutiles gestos de saludo, me siento como si me hubiera colado en una fiesta a la que nadie me ha invitado.

A cada bocado que doy, siento como si la sangre volviera a mis venas. Suspiros ahogados en pudor. Exquisito.
Es difícil describir las sensaciones que esa comida causa en mi espíritu: por un momento, dejo de sentirme una extraña, como si el hecho de compartir con aquellos desconocidos el deleite gastronómico, nos uniera a todos en un rito ancestral.

La gente se levanta de una mesa y se acomoda en otra, como en las bodas, dónde tras el café o la tarta, los invitados rompen el protocolo que les ha hecho compartir mesa con aquellos que atendían más a un criterio (casi siempre delirante) de política familiar, que de afinidades personales.

Yo sigo en mi mesa, claro. Observo discretamente. Escribo. Y tras un tiempo prudente, pido la cuenta. Pasados los efectos del trance, vuelvo a sentirme fuera de lugar, porque esto no es un restaurante, es algo así como un club social. Insisto con la cuenta, Eva (el nombre provisional de la camarera) me ignora. Salta de mesa en mesa, se mueve tan rápido que parece que baile.
Vuelvo a insistir y esta vez señalo a la gente que espera mesa al final del callejón. Se detiene, me sonríe. “Tranquila. Tómate tu tiempo. Disfruta”. Debe ser un mantra del lugar (o debería serlo)

De vuelta, en vez de la cuenta, me trae una jarra de latón con vino. “Disfruta”. Me vuelve a sonreír y se aleja danzando entre las mesas.

miércoles, 19 de agosto de 2009

Manganari

Hoy (ayer) he encontrado La Playa. Tiene un nombre evocador Manganari, pero había leído tantas veces su nombre en las ofertas de excursiones, que imaginé que sería una de esas grandes playas concurridas y ruidosas.

Me decidí a ir porque es la más lejana de dónde estoy. El autobús ha de subir hasta el norte por la única carretera que hay y que una vez allí, hace un giro en forma de "1" y conduce al extremo sur, dónde está la playa en cuestión. No hay otra forma de llegar, si uno no tiene un yate privado.

El viaje, de una hora de duración recorre 25km de trayecto (no me salían las cuentas) y permite conocer casi por completo el interior de la isla. Esa inspección me interesaba porque quiero alquilar algo motorizado y subir más al norte del norte de hoy a buscar la tumba de Homero (que se ha convertido en una tonta obsesión). Me intimidaba el hecho de no saber cómo son las carreteras, si hay señalizaciones o sencillamente en qué dirección salir.

Todas las dudas despejadas. Apenas salimos de Chora, el autocar enfila una ladera y empieza a subir como en la primera, lenta y tensa escalada a la cima de una montaña rusa. A partir de ahí no hay más paisaje que montañas desiertas de roca, cubiertas de vez en cuando por un manto de arbustos bajos. No hay poblaciones en toda la isla, a parte de Chora y Ormos, un barrio que rodea el puerto.
Es curioso no obstante que la isla está poblada de pequeñas y radiantes ermitas, encaramadas a los riscos, sin caminos visibles que conduzcan a ellas y sin función aparente en este desierto.

En las bajadas, los frenos del autobús chirrían como si fueran los gritos un animal degollado. Me acomodo en el asiento, arrepintiéndome de haber escogido la primera fila. Empiezo a divagar con análisis estériles (lo hago también en los aviones) sobre cual sería el lugar más seguro en caso de accidente. Miro hacia abajo, la perspectiva no me da para ver el asfalto y bajo mi asiento, directamente el precipicio. ¿Cuántos habrán caído por ahí?. Busco en el fondo, restos de coches quemados o autobuses destrozados, como para confirmar mis paranoicas sospechas, pero no veo nada, solo rocas. Los deben retirar deprisa para no asustar a los turistas ;-[

El autobús sube y baja montañas peladas. El paisaje, a pesar de la monotonía es bellísimo. Debemos estar en la más alta, no creo que más de 1.000 mt, aunque parecen más altas por la desnudez del terreno. Se ve el mar en todas direcciones. Contrasta, lo inaccesible, protegida e imperturbable del interior de la isla, con la cesión a las “invasiones bárbaras” de las zonas de la costa.

Llegamos a Manganari. La playa, y sólo la playa, apenas un par de establecimientos. Uno más grande y confortable. En un extremo, una taberna hecha con troncos que en algún momento estuvieron pintados de azul y una pequeña cocina de piedra blanca. En la arena, unas sombrillas de paja y unas hamacas oxidadas (que nadie cuida y por las que nadie cobra), el mar y el silencio.
A pesar de que las montañas empiezan a muy pocos metros de la orilla, la playa es plana, la entrada al agua (cristalina, casi blanca) suave. Al fondo, la silueta de Santorini.


En el restaurante principal alquilan habitaciones “Dimitri & Helena’s Rooms”, así que si para alguien el paraíso tiene forma de playa tranquila, pescado fresco, queso feta y vino, que pregunte por Manganari.

lunes, 17 de agosto de 2009

The Party Island

Llevo tres días en Ios, bueno, operativos dos, porque el primero lo dormí casi entero debido a un agotador viaje de 24 horas desde la salida de Barcelona, hasta llegar a esta Isla, via Atenas y Santorini. No es un problema de distancias tanto como de organización y cumplimiento de horarios, pero nada fuera de lo tristemente común cuando uno se mueve por el mundo y no tiene un jet privado.

La isla está tomada por jóvenes europeos y norteamericanos, que vienen a ella con el único propósito de vivir una juerga continua. Esto es la PartyIsland dicen, y supongo que con el tiempo, por una cuestión de selección cultural, todo en la isla está organizado alrededor de esta actividad.
Para una turista con alma de viajera, perfectamente indocumentada, con ganas de calma, historia, naturaleza y tradición, este no es el mejor lugar del mundo para dejarse caer, pero era consciente del riesgo de lanzarme a un viaje sin más preparativo ni previsión que cuatro clics en la web de Lastminute.
A pesar de todo, el ambiente irreal que se vive aquí, mezclado con la belleza de la isla, me hacen pensar que se presentan por delante días curiosos.

Yo voy con el horario cambiado: cuando yo me voy a dormir, para el resto del mundo empieza lo bueno. Las mañanas son tranquilas, puedo escoger hamaca en la piscina del hotel, y a medida que avanza el día, van apareciendo cuerpos esculpidos y bronceados que terminan su último sueño bajo el sol.
Yo los observo con mirada antropológica. Nos saludamos con cortesía pero nos sabemos de distinta tribu.

Antes de que reaccionen, yo he abandonado la piscina para irme a la playa. Es mejor ir por la tarde para que la montaña que hay que subir de vuelta, no esté encendida por el sol.
Descubrí esa playa tranquila, casi una cala inaccesible, por error. Cogí la carretera que lleva a la gran playa de Mylopotas, pero a medio camino vi un cartel de madera con unas letras a tiza que decían beach precedido de un nombre que entonces yo era incapaz de distinguir de Mylopotas (Kolitzani ;-. Kolitzani Beach), así que me desvié por un camino abrupto y tras media hora de incertezas resbalando por unos peñascos, apareció a lo lejos la salida al mar y una parte de lo que parecía una apacible playa. Ha sido por ahora el mejor descubrimiento de estos días.

Otras cosas están más difíciles. El turismo de jóvenes enloquecidos ha barrido cualquier atisbo de cultura autóctona. Aquí no hay nada que visitar ni ver, salvo la poderosa belleza natural de la isla, imperturbable al paso de modas y vicisitudes humanas.
La tumba de Homero, por quien he preguntado sin mucho éxito desde que llegué, se encuentra (me lo han explicado esta noche los camareros de la cena) en un lugar al que no llega el más mínimo transporte público, completamente dedicado a trasegar bañistas entre las grandes y concurridas playas de la isla. "Tendrás que alquilar una moto", me decían, entre avergonzados y divertidos.


Dadas las circunstancias, tendré que buscar un ritmo propio, al margen del que impone la actividad principal de la isla. Construir una pequeña rutina, una provisional cotidianidad, que de sentido a los días, y ayude a descubrir lo que hay debajo de esa capa superficial de apariencia insalvable y cegadora a los misterios de este lugar y sus gentes.

Ayer, caminando por un sendero, sin rumbo, me sorprendió una puesta de sol magnífica. Me quedé allí, sentada en la cuneta de un camino que bordeaba un acantilado, entregada aquella imagen sobrecogedora de el sol engullido por el mar.
Al volver sobre mis pasos, vi, a unos cuantos metros sobre mi cabeza, la terraza de un bar, desde el que pensé se debe tener una perspectiva privilegiada de las puestas de sol. Hoy la he visto desde allí, y quizás mañana vuelva a la misma hora. La camarera, después de charlar un rato, me ha escrito en un papel algunas playas que sólo conocen los de aquí y algunos bares “tradicionales griegos” en el pueblo, estos últimos reservas protegidas dónde no pueden entrar los turistas, pero me miraba y me decía que quizás yo sí. No he sabido si tomármelo como un cumplido o como una condescendiente conclusión de que mi aspecto y actitud, tan fuera de contexto, no representa ninguna amenaza para los lugareños.

Entre los libros de una planificada lista, que me he traído, uno, tan improvisado como el viaje. Se coló a última hora en la maleta: “Ébano” de Ryszard Kapuscinski, uno de los mejores compañeros de viaje con los que una se puede perder y que completa el paisaje emocional de mis primeros días aquí.

Kalinijta.

jueves, 30 de julio de 2009

Citas de verano

Ha sido un día bonito. El último de esos tiempos de intermedios que vivo mal. Es un desconcierto ya reconocido, entre que termino la actividad profesional (al menos la más intensa) y me voy a algún sitio de vacaciones.
Es como ir corriendo a toda velocidad y de golpe detenerte contra una pared.
Cada año necesito unos días, difíciles, raros, para cambiar el paso.


En estos días (falta aquí un “querida amiga”), he recuperado amigos “abandonados”, conversaciones aplazadas, lecturas pendientes y mi cuerpo, malcuidado y entumecido que ahora dejo que el sol abrase, mientras me muevo por Barcelona con una bici recién estrenada, que me ha devuelto una sensación de libertad deliciosa.


La primera cita fue con Nicolás, mi querido profesor del instituto, aunque la etiqueta es ya insuficiente porque ahora es además un gran amigo y alguien que desde que nos volvimos a encontrar, ejerce cada vez más sobre mi, una influencia balsámica y reparadora que busco como un oasis en cuanto tengo el primer momento de calma. “Aterrizo en ti” le dije asustándole un poco creo.
Escuchó como un buen maestro, todas mis batallitas y me explicó historias conmovedoras sobre su relación con la escuela, la sociedad, la docencia, y los alumnos a los que ayuda a crecer como seres humanos tanto como profesionales.


La cita con Eva, fue un encuentro de mujeres, de aquellos en los que llegas a conclusiones sabias y terribles sobre los miedos, los esteriotipos, las relaciones, y los quesitos rosas!! sin los cuales, no ganas al trivial por muy puesta que estés en literatura, ciencias y otras materias.


Lidia se ha separado pero está serena, lúcida y dispuesta a envalentonarse con sus fantasmas y llevárselos de fiesta si es necesario.

Manel me llevó a una coctelería. Se está convirtiendo en un ritual. Y hablamos entre otras cosas, del necesario equilibrio entre la consultoria y el sexo ;-). A ver si llegamos a alguna conclusión en una cena pendiente.

Hoy el día empezaba con Maite Darceles y Ester Vidal, café y magdalenas para ambientar complicidades, agradecimientos y algunas propuestas, entre otras, elaborar un fondo documental común, dónde a falta de indicadores y métricas a priori, podamos recurrir a casos prácticos y éxitos demostrables de empresas que han arriesgado y se han beneficiado de modelos organizativos y productivos innovadores, basados en las personas y su conocimiento.


"Al vespre" me esperaban en su casa-estudio. Una fabulosa estancia en pleno casco antiguo de Barcelona, Malena, Enrique y Claudio
. Nos conocimos en la sesión de debatdevi dónde hace una semanas presentábamos nuestros proyectos y nos intuimos cómplices.
Han pasado las horas como un fogonazo. Malena me prometió cava y terracita pero lo mejor ha sido, como era de esperar, la conversación. Su amplia casa abierta para aquellos que aquí y allá queremos recuperar el placer de la tertulia, dónde lo profesional y lo personal se mezclan sin remedio, dónde las ganas de compartir y de aprender superan diferencias técnicas (con algunos de esta lista aún no acabamos de comprendernos a qué nos dedicamos exactamente), y dónde la curiosidad por el ser humano y su capacidad de innovar para transformar su entorno, nos hace buscar siempre cómplices con los que conversar.

Entre unos y otros han configurado la lista de libros que hoy cargaba en la mochila y que me acompañarán ese verano:


Sí, un exceso, pero no vendrá de uno.

Feliz verano a tod@s!

martes, 28 de julio de 2009

Conocimiento, Innovación, AGBAR

Volví de NYC justo a tiempo para moderar, orgullosa y agradecida por la invitación, la mesa de Gestión del Conocimiento en el marco de la “Semana AGBAR de la Innovación”.

Este año el hilo conductor ha sido el tema AGUA y ENERGIA. También se han tratado temas transversales como la gestión del conocimiento, el modelo open innovation para capturar y desarrollar ideas, y como Agbar enfoca la transferencia de resultados de la investigación hacia una industrialización de productos y servicios con el conocimiento generado

AGBAR apuesta fuerte por convertir el conocimiento en el motor de su estrategia comercial y en elemento clave de la calidad de sus operaciones. La organización está inmersa en una interesante transformación de un modelo basado en la gestión de activos, a un modelo orientado a la gestión del conocimiento.

Todo un reto para abordar sus dos principales estrategias de desarrollo: la expansión internacional, y la comercialización de nuevos servicios y soluciones.

Durante los últimos meses, y gracias a las conexiones cósmicas que identificó Maria Elena, he estado trabajando con ellos en el diseño de un programa de Gestión del Conocimiento; que identificara las iniciativas clave en este ámbito; que catalogara los dominios de la organización, aquellas áreas de conocimiento que es necesario proteger, desarrollar y difundir porque representan las competencias esenciales del negocio; y que propusiera algunas acciones de Gestión del cambio para facilitar todo el proceso.

Durante el análisis de buenas prácticas y casos de éxito, hemos estudiado e invitado al proyecto a tres representantes de referencia en el ámbito del conocimiento y la innovación en las organizaciones:

Jesús Martínez, que presento al Comité de dirección del proyecto, el Programa Compartim del departament de Justicia de la Generalitat de Cataluña, una de las jornadas estrellas de todo el proyecto. Qué se puede añadir sobre Compartim?. Creo que fue uno de esos casos en que se demuestra que organizaciones públicas y privadas tienen mucho que aportarse, desde sus diferentes perspectivas y condicionantes, para enriquecerse mutuamente.

El segundo caso al que nos aproximamos fue el de La Caixa y su proyecto Virtaula. De la mano de Gerard Velez y Laura Rosillo profundizamos en la transformación de un portal de e-learning a una plataforma de inteligencia colectiva, que los dos lideran de forma casi mágica. Laura, además, tuvo la gentileza de presentar el proyecto en la mesa de la SAI dedicada a la gestión del conocimiento. Empezó con este video que he encontrado en casa de Dolors Reig:



Interesante post sobre esta iniciativa de Ismael Peña-López haciendo crónica de su exposición en el Seminario de Competencias Digitales que Durante los días 16 y 17 de julio de 2009 se ha celebrado en el CCCB de Barcelona al amparo del Consorci Universitat Internacional Menendez Pelayo de Barcelona.

Otra de las experiencias que han centrado las actividades de benchmarking, ha sido el caso Telefónica I+D. LA primera vez que oí hablar del proyecto fue en el Curso de Sociedad Red, que se celebró en Barcelona el pasado mes de octubre, en una exposición de Carlos Domingo.

Durante el proyecto de AGBAR Oriol Lloret, nos explicó, como entienden la organización como un ecosistema en el que se mezclan cultura, herramientas, entorno de trabajo y estructura social, y cómo los procesos de innovación se están viendo favorecidos por cambios realmente espectaculares en cada una de las dimensiones antes mencionadas.

Su compañero Gerard Mula, estuvo también en la mesa, explicándonos iniciativas como la generación de ideas de abajo a arriba, la implantación de metodologías ágiles de desarrollo, la nueva configuración de puestos de trabajo, los “Living-labs” para el desarrollo y testeo de productos y servicios con el usuario final y la nueva organización basada en equipos por proyectos que rompen estructuras jerárquicas que puedan inhibir la motivación y el proceso para la creación de propuestas de valor.

La mesa de Gestión del conocimiento estuvo también compuesta por respresentantes internos de AGBAR como María Salamero, responsable de Gestión del Conocimiento en AGBAR, Jordi Gómez, secretrio general de Cetaqua y responsable de un buscador gráfico de reciente implantación en la empresa. Josep Maria Verdejo, de la dirección técnica y de operaciones que nos habló de la Red de Expertos de AGBAR, Alberto Bermudo, responsable de Proyectos y Sistemas de RRHH que nos explicó el nuevo portal del empleado y Carlos Campos, Director de I+D+i de AGBAR y director de Cetqua, que cerró la mesa y la jornada con una combinación poco común de emotividad y rigor.

Sobre el proyecto, preparé una presentación para explicar la experiencia de AGBAR en la jornada que organizó Jesús Martínez el pasado10 de julio, en el CEJFE , dónde nos reunimos una docena de expertos en comunidades de práctica, aunque todos nos apresuramos a matizar que de aprendices no pasamos, para reflexionar sobre la experiencia del programa Compartim y sobre los limites y posibilidades de estas figuras organizativas en la Administración Publica.

La presentación que utilicé no es el exactamente el proyecto AGBAR, por razones de respeto a la confidencialidad y porque en realidad, es el enfoque y metodología que mantiene este resumen, lo que creo puede interesar a otros que puedan aprovechar la experiencia y reutilizlar la información.


A una de las personas que más le debo a la hora de construir el proyecto es a Maite Darceles, gracias sus “Guías de la transformación" (estimulante “planfleto” que generó más de un debate) marcamos algunas líneas directoras del proyecto que luego sirvieron para imaginar iniciativas más concretas y aplicables.

Mañana he quedado con ella a tomar un café en Barcelona y aprender mucho de todo lo que me cuente, y explicarle Z-Project y cerrar un círculo!

Se abrirán otros, pero eso, será otra historia.

domingo, 12 de julio de 2009

Crónicas de New York

Esta vez aterricé en Nueva York sin saber cómo. Las semanas previas habían sido de maratón. El mes de junio se había convertido en un tunel por el que transitar concentrada evitando cualquier dispersión que hiciera peligrar las entregas, todas a final de mes.
Me había autoimpuesto poder viajar “ligera de equipaje” y aprovechar esos días para relajar la mente y hacer un cambio de ciclo.


Cuando no inicias el viaje los días previos, con la imaginación (apenas una divertida despedida entre compañeros “nos vemos en NYC” al separarnos tras una reunión en Barcelona), verte de golpe en el destino, es algo desconcertante. Sobretodo si tras el aturdimiento del viaje sales de las profundidades del subway en pleno Manhattan, un soleado sábado de verano.

Arrastrábamos nuestras maletas intentando no atropellar a nadie en medio de un torrente de gente y tráfico. Conversábamos con la dificultad de vernos separados de vez en cuando por la multitud e intentábamos orientarnos para localizar los hoteles.

Yo en el Chelsea. Javi y Marc lo consideraban demasiado “progre” ;-) pero para mi, alojarme dónde janis Joplin, Cohen, Dylan, Jimi Hendrix y otros ídolos de juventud, pasaron tantas veladas creando, viviendo y muriendo, formaba parte de la magia de este viaje.


Desde el principio no podía dejar de sonreír, de sentirme feliz. Una sensación conocida, claro, pero poco habitual. Ocurre de vez en cuando, dura unas horas, con un poco de suerte, algunos días. No es una felicidad trascendental ni sostenible. No, se parece más a una euforia contenida y siempre pasajera. A veces me la encuentro viajando, pero no siempre: Los platillos giran solos, todo encaja por un instante, los problemas bajan su intensidad, algún miedo superado recientemente y la anticipación de algo ilusionante, quizás son los ingredientes de ese estado que la vida regala a veces. Es simple, casi idiota, pero tan divertido!. Tan necesario.

Recorria los pasillos del Chelsea siguiendo al conserje con ganas de detenerme ante cada cuadro, grafiti, mosaico, estatua, ah las escaleras!, el mármol desgastado del suelo, las puertas de madera viejas y desconchadas. Imaginaba quien habría detrás de cada una de ellas, y a todos los que habían recorrido antes esas salas.

Queríamos cenar en Chinatown pero al final acabamos en Little Italy frente a un buen plato de espaguetti que entraba a deshoras según nuestros horarios biológicos, pero que nos sentó de muerte.
Más de 24 horas después de haberme levantado ese día, entraba, sin perder la sonrisa tonta, por el hall del sugerente hotel dispuesta a dejar allí los primeros sueños.


El domingo por la mañana nos fuimos al Soho. Buscábamos inspiración para preparar la presentación del proyecto NuestraCausa en el ParticipationCamp que se celebraba en la Tisch School of the Arts at New York University.
Nos instalamos en un café y pusimos en marcha la máquina de hacer ideas. Yo suelo asustarme si no preparo las cosas con tiempo (los que han trabajado conmigo lo saben), pero Marc traía munición de primera y en un par de horas, pudimos conceptualizar el mensaje y preparar una presentación.

Escribimos una crónica del evento aquí, así que no vuelvo sobre ello.


Salimos contentos, casi incrédulos y dispuestos a seguir disfrutando del día, y prepararnos mentalmente para la conferencia que nos había llevado allí: Personal Democracy Forum una concentración anual que Andrew Rasiej y Micah Sifry organizan desde hace 6 años y que se ha convertido en la referencia de todos aquellos que creen y promueven el hecho de que las tecnologías y concretamente Internet, está transformando la forma de hacer política.

La sensación durante esos dos días de que allí se daban cita “los que están cambiando el mundo” puede parecer exagerada pero he de admitir que costaba rechazar la idea.

Lo que dio de sí la conferencia lo explica genial JAvi en sus dos post, así que si os interesan detalles, os recomiendo sus crónicas.

Os dejo aquí, algunas fotos de la conferencia.


Para mi, uno de los momentos más emocionantes, el anuncio de la celebración en Europa de la primera PDF, en Noviembre de este año y en Barcelona. Y la primera reunión del equipo europeo y multi-nacional que lo organizamos, en pleno Central Park, sentados sobre la hierba y de catering cocacolas y bocatas. Si eso no es “progre” ya me dirán ;-)

Abandoné NYC la primera, a pocos minutos de finalizar la conferencia. Me despedí de Marc con un profundo “Thanks” por haber hecho posible esta historia y de mi querido Javi, envidiándole los días de más en su ciudad favorita. Aquí, algunas fotos más.


Sobre cómo perder los tejanos que llevaba puestos, en un avión, os hablo otro día no?

lunes, 6 de julio de 2009

¿Cada uno de vosotras, qué puede llegar a ser?

Dicen que somos muchas cosas y que en ese calidoscopio descriptivo, se enfrentan lo que realmente somos, lo que creemos que somos y lo que los demás perciben que somos. Y para hacer la vida un poco más excitante, resulta que a menudo, las identificaciones no coinciden.

Acopio de coraje para vencer el pudor y el riesgo que supone autodescribirse en público y responder agradecida a la invitación de tres colegas y amigos a participar en el último meme del barrio: Peloteo Geek que invita a reflexionar sobre nuestra utilidad en a la vida (en la vida Geek, interpreto) “¿Cada uno de vosotras, qué puede llegar a ser?”.

Empezó a enchufar cables el Hub Alorza y la primera invitación me llega de Miquel un “terrible enfant sismógrafo liante maestro prescriptor de la moraleja hibridante” que quiere saber cómo sale de esta “la pulida” Odilas.

Después, Carlos el explorador me enlaza sabiendo (lo que hacen unos cuantos proyectos juntos) que pensaré y repensaré antes de escribir.

Y hoy Jordi, inspirado por la subida al Pedraforca me vuelve a nominar.


Así que ante tanta deliciosa presión voy a intentarlo:


Pues creo que soy una soñadora, una creadora de mundos (así expresado se lo debo a Manel, que ya se puede dar por nominado). Invento historias y a veces, alguna de ellas, se convierten en realidad.


Para poder vivir de ello, yo lo llamo Proyectos ;-)


Soy idealista (me dijo Eva en la cena –por cierto Geek- de hace unas semanas. Date por nominada también) pero no ilusa y como crear mundo cuesta muchísimo y yo soy muy cabezota, suelo pasar entre los grupos por “la que pone orden”, determinación, método sistemática, rigor y esas cosas aparentemente aburridas.


Los mundos existen porque pueden ser explicados así que suelo ser también la narradora, la contadora de la historia. El lenguaje es variado, la escritura o la fotografía son buenos compañeros para construir un relato.


Soy una enredadora, pero quien no lo es por estas tierras, imprescindible conectar ideas con ideas, personas con ideas y personas entre sí (muchos conocéis esa satisfacción de ver florecer una relación que habéis propiciado vosotros –no tiene precio-)


Pero no todo es bueno, también puedo llegar a ser irritante. Ir por la vida de perfeccionista (que no de perfecta) tiene su precio. Con los años he aceptado el hecho de que en ocasiones no puedo evitar causar en los demás esa sensación de molestia. Es en los mediocres dicen los que me quieren, pero no importa. Mediocres o no, me gustaría controlar esa percepción, no molestar, no ofender.
Creo que se debe también a una felicidad que no expongo pero que tampoco escondo. Una alegría ganada a base de pequeñas conquistas cotidianas. Pocos conocen las heridas y algunos envidian el triunfo.


Y cierro aquí, que me desvío por senderos estrechos.

Lo "que podría llegar a ser" es feliz, creando mundos dónde otros también lo sean, pasando por aquí con la sensación de haber intentado mejorar la realidad que nos encontramos y disfrutando juntos de una buena historia que contarnos.

Espero que también nos cuente la suya Idoia y Virgili, tan lejos el uno del otro pero tan cercanos para mi. Y muchos otros más pero esperaremos al próximo juego.