sábado, 5 de diciembre de 2009

La Red o la Vida

La movilización colectiva siempre conmueve, asusta, fascina, genera adeptos (independientemente de la causa movilizadora), excita, abre una brecha en el devenir cotidiano y solitario de nuestras vidas.

Digo solitario independientemente de si vivimos solos, en pareja, en una comuna o de si trabajamos en un supermercado o en una cabina de rayos X, de si practicamos yoga en nuestros descansos o bailamos merengue todos los jueves.

Sentimos solos.


Algunos y a veces son capaces de compartir, pero compartir no es co-sentir, y aún en el mejor coito, un orgasmo es personal e intransferible (que nadie se quede aquí jugando con la broma fácil, por favor, que voy en serio ;-)

Pero de vez en cuando sentimos colectivamente y creo (es una hipótesis sin ningún rigor científico) que lo que nos mueve, más que los intereses comunes, más que la causa cohesionadora, más que una calculada estrategia de masa crítica, és o también o sobretodo, sintonizar una frecuencia común, experimentar algo que nos trasciende, emborracharnos al ritmo de los tambores, sentirnos fuertes, casi felices, co-sentir con los otros durante un periodo de tiempo, hasta que la orgía termine y cada uno vuelva al devenir cotidiano y solitario de sus vidas.


Creo (y me preocupa creerlo) que lo dicho hasta ahora aplica por igual al soporte a un manifiesto contra una ley, que a la elección de Chikilicuatre para el festival de eurovisión, a la aflicción por la muerte de Michael Jackson que al horror de las protestas en Irán durante las últimas “elecciones” (estas dos últimas se alternaban el Top Trend Topic hace unos meses)

Pero no importa. Me consuela pensar que lo realmente interesante es la capacidad transformadora de una masa organizada. "Al menos, protestamos!"

Hace falta encontrar buenas causas, claro, pero de esas sobran y hace falta criterio para defenderlas, pero sobretodo hace falta despertar de un a veces preocupante estado de anestesia colectiva en el que parecemos sumidos y redimidos a golpe de click en los infinitos grupos digitales creados en cualquier red social que se precie.

Relacionarnos en Internet está dando respuesta a necesidades propias de una sociedad fragmentada, que ha perdido los vínculos comunitarios tradicionales, que está redefiniendo los parámetros del compromiso. Una sociedad competitiva, programada para minimizar costes de transacción (también afectivos), para minimizar riesgos (también afectivos), para consumir y entretenerse , individualista, cada vez más bombardeada de información pero seguramente peor informada, hiperconectada pero no menos sola, desorientada, heredera de las revoluciones masivas del S.XX pero escéptica (aunque sólo sea por la facilidad de perder el foco sobre el que nuestros actos pueden tener algún impacto real) sobre nuestro protagonismo en los acontecimientos que transformarán este mundo en algo más tolerable.

Y el mundo (como la verdad ;-) está ahí fuera.

8 comentarios:

Julen dijo...

Jodido eso de los costes de transacción afectiva desciendan. No les hagas caso, hay que incrementar costes ;-)

Odilas dijo...

Venga, montamos una mani en favor de la inflación afectiva?
Besos desde la península

MdelF dijo...

No hay época que no experimente ese malestar que tú expresas. Es inevitable la persistencia del malestar con la experiencia de la imagen de cada época consigo misma, pero no hay época que no se haya vivido a sí misma sino en términos de quiebra o crisis o, en el mejor de los casos, de transición e incertidumbre. Y que no haya interpretado tal condición sino como hito o como un tiempo inevitable y doloroso en el camino hacia un futuro mejor o, contrariamente, como decadencia, ocaso y pérdida desgarradora de los valores y equilibrios de alguna edad de oro más o menos mítica. ¿Es ése también nuestro caso? Es posible. Y de serlo efectivamente, lo sería, con todo, en un marco global de complejidad nueva y apenas abarcable

lboisset dijo...

Son preocupantes las conclusiones a las que llegas, por lo acertadas principalmente.

Vivimos tiempos solitarios, y egoistas, pero sobretodo "desenfocados". Tenemos tal avalancha de información, frecuencias, percepciones, "inputs". Que es muy difícil mantener el foco en algo mas allá de un click.

"Suscribo el manifiesto", esto es "indignante", "hagamos lo que sea", pero al rato ya estoy con otra cosa, ha pasado el momento de atención colectivo... Lo mismo con la inhumana situación de tal o cual país en las noticias, que nos logra conmover hasta... hasta la siguiente noticia que es deporte, rosa o lo que sea.

Tu lo has dicho, estamos anestesiados. Y además hemos perdido la capacidad de concentrarnos en algo, como sociedad y como individuos.

Odilas dijo...

Imposible expresarlo mejor MdelF. Gracias por la compañía.

Ibosset, subrayas la anestesia y la falta de concentración. Mal cocktail. Pero a pesar de todo, soy optimista. Nos encontramos unos a otros, aquí y allá y nos vamos dando codazos para no dormirnos del todo, no?. Gracias por compartir las sensaciones.

Agustí Brañas dijo...

Hola Odilas,

Hace tiempo escribía una entrada en el blog que titulé "Escuchar, Vivir y Compartir: ¡Es la red!" http://habilidadesdirectivas20.wordpress.com/2009/08/10/escuchar-vivir-y-compartir-%c2%a1es-la-red/

Me apoyó en ella para comentar tu excelente entrada de "La red o la vida".

La red, que está viva aunque parecía que estaba adormecida, ha vivido -y vive- con intensidad la propuesta de Ley de la ministra de Cultura y ha compartido, al unísono, el grito de Fuenteovejuna: "Todos a una". Si que es cierto que han habido algunas voces que no han estado de acuerdo, y esta si que es una riqueza de la red, no hemos de ser clónicos. La opinión propia es un valor añadido diferencial.

Acabo el comentario con el final del título de mi entrada: ¡Es la red! y es menester el escucharla activamente.

Saludos,
Agustí Brañas

Kedume dijo...

Siempre y cuando no perdamos la capacidad de pensar todo irá bien. A veces las movilizaciones obedecen a intereses personales, y eso es algo que no ha cambiado con el tiempo, pasaba antes y pasa ahora con internet.

Odilas dijo...

Sí Agustín, supongo que todos hemos reflexionado alguna vez sobre estos temas. Está por ver que somos capaces de hacer en el mundo "real"

Cierto Kedume. Somos lo que somos independientemente de los canales que utilicemos. Nos queda, como dices, no perder la mirada crítica sobre lo que hacemos.
Gracias por comentar