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viernes, 22 de abril de 2011

El camino de los Generalistas

La configuración de nuestra identidad profesional se va desarrollando a medida que transitamos equipos, proyectos, empresas... Venimos con el bagaje unificador y siempre insuficiente de los estudios cursados, pero es luego, al hacer uso de nuestras habilidades técnicas y emocionales para aplicar ese saber teórico a las diversas situaciones que nos encontramos, cuando vamos definiendo nuestro Yo en los entornos profesionales.


Pero hay quien lo tiene más fácil y hay quien lo tiene más difícil. Y no hablo de dificultades laborales, si no de la dificultad de “encajar” dependiendo de cómo se hayan diseñado y desarrollado nuestras competencias.

El camino no está igual de claro para todos.


Los generalistas tardan más en entender quien son y qué son para lo demás y para sí mismos. Es una cuestión de complejidad: demasiadas opciones, demasiada diversidad, demasiadas conexiones. Quien puede hacerlo todo es fácil que acabe no haciendo nada (son puntos opuestos de un mismo círculo).

Es mucho más fácil (en este sentido) para aquel que se especializa en un tema concreto y disfruta profundizando en una práctica que tiene los límites conceptuales más o menos acotados.


En las empresas, en los equipos, necesitamos generalistas y especialistas, pero pienso que son los primeros los que requieren más atención. Son imprescindibles y son los que más sufren más hasta que definen esa identidad profesional que les dará la seguridad necesaria para desenvolverse en los equipos y los proyectos.


Un generalista contribuye de manera más indirecta a los procesos de producción. Es alguien que difícilmente vivirá las satisfacción intelectual que supone dar una respuesta técnica efectiva a un problema concreto, que difícilmente podrá definir los límites de su responsabilidad en un proyecto, su ámbito de actuación y competencia. Son los que se quedan pensando antes de responder al “y tú quien eres?”


Los generalistas salen de las carreras académicas con una mente bien configurada para la reflexión, el análisis crítico, el criterio, la abstracción y la conceptualización, pero tardarán tiempo (un tiempo siempre angustiante) en sentirse útiles. Ese sentimiento del que ve cómo su conocimiento aplicado genera valor.


Siempre sabrán un poco de mucho y nada del todo. Sus inquietudes son dispersas, beben de muchas fuentes y se apasionan por todo lo que encuentran por el camino. Sueñan con vidas paralelas y dudarán de por vida sobre su verdadera vocación. Poco a poco entenderán que pueden hacer casi de todo, pero nunca solos, necesitarán siempre a los especialistas a esos que admiran por la profunda verticalidad de su conocimiento


Yo admiro a ambos, mi formación es una ingeniería, pero mi mente es generalista. No sé si eso ha sido una ventaja. He intentado convertirlo en algo positivo, pero no siempre ha sido fácil. Por eso, reconozco y siento como propia la desazón de los que navegan aguas turbias. Ricas y llenas de nutrientes, pero turbias.


Es difícil dar consejos porque la trayectoria vital es personal e intransferible, pero hay algo que me parece útil al mirar con perspectiva el camino recorrido: no dejar que la ausencia de definición nos paralice; que el hecho de no tener el futuro perfilado no nos impida entregarnos al presente, que el no poder definirnos no nos impida actuar con la incisión de quien lo tiene claro. En definitiva, no habrá nada que defina el futuro y a nosotros en él, tanto como la vivencia intensa de los sucesivos presentes a los que nos entreguemos.


Feliz viaje!

lunes, 5 de enero de 2009

Igualados por un cerebro distinto

La primera lectura del año fue la Contra de la Vanguardia del día 31 de diciembre.
Me encontré el periódico en la barra de la discoteca donde celebraba el fin de año.
Nada más entrar al local, y mientras me preparaban la primera copa me encontré con esto:

Todos estamos igualados por un cerebro distinto”. Demasiado sugerente como para no seguir.

La entrevista se la realizaban a Richard J. Haider, neurocientífico, especialista en medición de la inteligencia humana.


Lo importante no es qué sabes, sino qué puedes aprender”.
La inteliencia no es centro, sino red”.

Era la introducción a una entrevista sin desperdicio. Algunas joyas:

Sobre los ensayos que realiza desde 1988 para estudiar la inteligencia humana a través de neuroimágenes:


..más actividad no significa más efectividad mental, así que la ecuación de la inteligencia no radica en una potencia central, sino en la eficiencia reticular”


También desmentimos que el cerebro –como se creyó durante años- estuviera especializado por áreas. La clave no está en la especialización por zonas, sino en las relaciones entre ellas. El cerebro no es un centro, sino una red, y no tiene divas ni divos: es como una orquesta con solistas sucesivos”.


Sobre algunos mitos de la clasificación:


Hay más diferencia entre individiuos que entre grupos : hombres o mujeres, etnias o edades… Todos estamos igualados por un cerebro distinto”. …”las diferencias no están entre grupos, sino entre individuos”.

“No se puede argumentar diferencias cerebrales para segregar las aulas por sexos, porque cada cerebro de niños es más diferente del de cualquier otro niño que –en conjunto- los cerebros de los niños de los de las niñas


Mas que segregar por grupos, hay que adaptar la educación a cada individuo, le incita el periodista (Lluis Amiget). "Exacto!, En eso estoy trabajando precisamente: en personalizar la educación con estrategias educativas personalizadas”.

La noche siguió por cauces menos trascendentales, pero eso es otra historia... que demuestra que tras unas copas, todos los cerebros tienden a parecerse mucho.

martes, 9 de septiembre de 2008

El conocimiento hay que escalarlo

Leo en El PAís un artículo que me ha encantado. 
Es una entrevista de Javier Rodríguez Marcos a Alberto Manguel y entre las joyas del texto, me quedo con estas: 

Si le recuerdan que nunca se vendieron tantos libros como ahora, matiza: "Se venden muchos ejemplares, pero de unos pocos títulos".

"
Le decimos a la gente que es demasiado estúpida como para entender un texto complejo. Es una arrogancia y es mentira. Basta que tú creas en la inteligencia de los demás para que tengan la oportunidad de querer algo mejor"

"
Nos venden que las humanidades son superfluas porque prefieren una sociedad que actúe mecánicamente, sin pensar. El modelo intelectual de hoy es el catecismo: una pregunta con una respuesta que memorizar. Los valores son lo fácil y lo rápido, pero acceder a cierto conocimiento requiere cierto esfuerzo. No se sube al Everest sin escalar".