sábado, 19 de diciembre de 2009

Mein Berlín

La entrada a Berlín suelo hacerla por la estación de tren de Alexander Platz, a donde llegan los vagones desde el aeropuerto de Schoenefeld.

El aire gélido está impregnado de los olores de esta ciudad (se podría escribir un libro de viajes recurriendo únicamente a este sentido), una impactante mezcla de coles y cebolla hervidas, vino dulce, frutos secos caramelizados, pimienta y mostaza, dan la bienvenida a la liberada “Capital Mundial Germania"


Aspiro profundame
nte frente a la omnipresente torre de TV y Berlín empieza a apoderarse, como un mal virus, del resto de los sentidos, a acomodarse en el espíritu, a expulsar las sensaciones importadas, a hacerse sitio casi con una violenta sacudida.
El mismo proceso una y otra vez, va ganando eficiencia con cada viaje de vuelta a esta ciudad.
Antes de terminar de recorrer la inmensa plaza, el impacto del reencuentro se ha apaciguado y soy quien soy aquí, casi sin darme cuenta.


Me trajo a Berlín un proyecto allá por el 2004. La multinacional en la que trabajaba quería unificar las metodologías de Gestión de Proyectos, aprovechando las buenas prácticas de cada país y desechando las “imperfecciones” de cada cultura.

Durante un año y de forma intensiva los 6 primeros meses, convivimos unos 20 representantes de cada país (nos alojaron juntos en un bloque de apartamentos al más puro estilo MelRose Place), el equipo de dirección alemán y dos psicólogos dedicados pl
enamente a asistirnos no sólo en las sesiones de trabajo, si no también en el tiempo y actividades de ocio, para identificar y resolver conflictos culturales.
Los hubo, vaya si los hubo, como en cualquier convivencia forzosa, pero también, y por la misma razón, grandes dosis de fraternidad y apasionadas complicidades.

Llegamos en pleno invierno y a mi me costó meses encontrarle la gracia a este inmenso bloque gris cubierto de hielo y nieve. Los primeros días los sureños pegábamos la nariz a las ventanas de la oficina extasiados ante las tormentas de nieve, pero la euforia fue cediendo paso a la tristeza, y al cabo de unas semanas estábamos terriblemente deprimidos, mientras nuestros compañeros nórdicos trabajaban con eficacia sin inmutarse.

Como en un gesto de rebeldía, me compré una bici y cada mañana sin pensarlo (porque si lo pensabas un minuto desistías) renunciaba al grupo de taxis que venían a recogernos a “MelRose Place” y pedaleaba insegura al principio y orgullosa siempre, hasta la oficina.

Pero a parte de ese triunfo de la voluntad y del hecho que el proyecto era una de las mejores experiencias profesionales que he vivido, a mi Berlin, me seguía pareciendo inaccesible y hostil.

Hasta que llegó la primavera.
Bueno, aquí la primavera no llega, explota!. Los almendros florecen con rabia vengativa, los parques se vuelven bosques exuberantes, las terrazas se llenan de gente envuelta en mantas bajo las estufas exteriores y los primeros rayos de sol relevan los colores hasta entonces imperceptibles.


El grupo, empezamos a su
stituir las cenas en casas y las tertulias en cafés de mesas de madera y bancos cubiertos de piel envejecida por excursiones domingueras en bici desde Schmargendorf a Prenzlauer Berg para desayunar hasta bien entrada la tarde (me decían que eso era el “Brunch” ;-), y cuando el tiempo ya se estabilizó, por paseos por el Tiergarden y tumbadas en alguna de las playas artificiales a orillas del Spree, un cruce entre ambiente caribeño y chill out de lo más desconcertante.

Conseguimos, con tiempo, esfuerzo y mucha “psicología” consolidar una metodolo
gía común. Nunca se implantó. Al volver a nuestros países de origen y en pleno “Roll-out” nos compró otra empresa, y obviamente impuso la suya. Cosas de la geopolítica corporativa.

Pero de aquello queda un ingente fondo documental, un grupo de amigos esparcidos por todo el mundo y un vínculo eterno con esta ciudad, como con un amor de esos que empiezan con disgusto y acaban atrapándote para siempre.


He vuelto varias veces a Berlín, a reencontrarme con los amigos que viven aquí y con una cuidad que me hace sentir una extraña combinación de libertad y seguridad (tan aparentemente confrontadas) como en ningún otro lugar en el que haya estado.

Ya no me asustan ni entris
tecen el frío, la oscuridad, el hielo y la nieve, es pura fachada que apenas protege lo que encuentras (recuerdas), lo que esconden: belleza, contrastes, ingenio y pasión, caramelizados con una ternura casi infantil y un saludable sentido del humor.

Actualización :):
Mi bici extraída de la memoria (digital) de Pere


7 comentarios:

Lidia dijo...

Embriagadora como siempre. Cuánto te he echado de menos!!

Un abrazo cálido para aliviarel frio aunque sólo sea por un segundo.

Besitos camarada!

Solado

Lidia dijo...

Soldado

Julen dijo...

Ya sabemos algo más de ti ;-)

Kim-i dijo...

Espectacular! Casi, casi me has hecho desistir de querer marchar del país, aunque Alemania me tiene comprado...ahora solo falta que esa misma multinacional (creo), también lo quiera, jeeje, pero realmente me ha gustado mucho el afrontar la problemática con la bici. Realmente curioso!!! Cuidate!

Pere dijo...

La primavera cazada en mesas urgentes sacadas a la calle buscando la rareza del sol, en bares donde debías pronunciar correctament Nuremberg o Aschen (tarea imposible) para que supieran por donde habías andado, sin que perdieran por eso su amabilidad de vecindario etílico. Un rosco tosco para un vino extraño, en un concierto excelso, en un teatro en una plaza de reminiscencias militares. Darse cuenta que a ambos lados del muro ya inexistente, alejandose del centro de postal y autosatisfacción victoriosa, las diferencias eran casi imperceptibles. Saber a cambio de la persistencia de un muro interior e interiorizado cuyo derribo final requerirá generaciones. Constatar que bajo el mito de la eficacia se imponía perversa la obediencia. Preguntarse todavía el por qué de esa proliferacion de farmacias y sexshops manzana sí manzana no. Oir opera cómica o un cómico hindú germanizado sin entender nada salvo la belleza de la risa necesaria. El río envolviendo las ruinas pasadas y las próximas ruinas.

Hay ciudades que excitan la memoria.

Odilas dijo...

...y hay memorias que agitan el alma.
Gracias por pasarte

Odilas dijo...

Un beso camarada Lidia!

Yo también Julen ;-)

Hola Kim!, me tienes que explicar cosas ;-)