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martes, 1 de diciembre de 2009

La banda de Pdfeu

Hace días que terminó la conferencia Personal Democracy Forum... Que terminó el encuentro, porque sus ecos, crónicas, enlaces, recuerdos y conversaciones…zumban por la red como una sombra que se alarga sin remedio.

No pretendo contribuir a la ingente cantidad de contenidos que se han volcado sobre la parte pública de la conferencia. Los que pudieron asistir, lo han hecho sobradamente. Quiero cerrar, con un punto y aparte, mi experiencia compartida con un grupo de compañeros, para organizar esta convocatoria.

Los dos viajes a NYC este año con los compañeros de NuestraCausa consolidaron la celebración en Barcelona de esta conferencia. Pero no fue hasta mediados de agosto que una llamada Telefónica de Andrew Rasiej advirtiendo a Marc López “It's no time to relax” convulsionó nuestras vacaciones a la española y nos puso en órbita para empezar a activar la maquinaria.

Siempre he pensado que los proyectos no existen hasta que no se conforma el equipo. Y este empezó a consolidarse poco a poco al más fiel estilo Ocean’s 11 (algunos más en este caso). Personas que conocíamos los del primer núcleo, gente que se ofrecía, unos que se traían a otros…y así como si de una Jam session improvisada se tratara, fuimos montando la banda.

La gestión de ponentes (viajes, alojamiento, agendas…), el diseño de contenidos, la campaña de marketing y promoción, La gestión de la prensa (acreditaciones, entrevistas concertadas..), la gestión económica de la sponsorización, la preparación de la Torre AGBAR (tecnología, mobiliario, logística, seguridad…) y del hotel continguo, cartelería, imprenta, catering, gestión de inscripciones y registro con diversos grupos especiales, la logística del evento en sí (políticas de seguridad del edificio, movimiento de personas en varios escenarios, protocolo de recepción de personalidades públicas…) ...En fin toda una juerga.

La tensión fue en "crescendo", durante las semanas previas, especialmente cuando nos acoplamos con el equipo organizador de la conferencia en NYC, de forma cotidiana, con horarios diabólicos que nos convertían en una oficina abierta 24 horas al día. “Bienvenidos al día de la marmotarecordaba Marc Garriga en un post, rememorando una de la bromas habituales de los últimos días.

Los proyectos, a veces, entran en dinámicas tan fascinantes como perversas. Ocurre cuando (y especialmente de forma colectiva), coges tal velocidad y concentración que el resto del mundo pasa a gran velocidad a ambos lados de la capsula del cohete dónde tú y los tuyos compartís un viaje, unos rituales, una experiencia común, un aprendizaje y un ecosistema de relaciones tan cohesionadoras como adictivas. No recordaba la experiencia desde que me dedicaba a proyectos de implantación de software, durante las fases previas al arranque.

La noche antes de empezar todo, mientras organizábamos los últimos preparativos en la Torre, Marc López me preguntó “Todo bien?” le contesté que sí, que empezaba a perder el control. Se puso pálido pero en realidad era la mejor de las premoniciones: El control, lo tomó el equipo.
Empezaron a agruparse según un primer cuadro de posiciones, tomaban sus propias decisiones y resolvían detalles difíciles de prever en una planificación a priori.
Un equipo funciona cuando deja de necesitar mirar a un punto fijo para movilizarse (parece obvio pero no lo és, a veces el liderazgo se confunde con omnipresencia y dependencia). Esa actitud del grupo salvó todos los obstáculos de la carrera que nos íbamos a dar los dos días siguientes. De vez en cuando había que tomar una “executive decision” (otro de los gags comunes), pero la autonomía y la diligencia con la que ese equipo trabajó me sigue haciendo sonreír después de tantos días.


Contagiaron al estricto personal de AGBAR que se integraron con nosotros olvidando los límites contractuales y hasta los uniformados hombres de seguridad (los conozco, son serios de profesión) nos lanzaban sonrisas cómplices cuando por cansancio o despiste dejábamos la puerta desatendida y corríamos a su llamada para identificar a alguien no acreditado.

Hay mil anécdotas que harían largo y pesado este escrito, que sólo pretende ser un tributo a aquellos con los que comparto cierto vacío post-traumático estos días, que me recordaron que el sentido del humor no está reñido con el rigor profesional, y que un grupo de personas comprometidas y entusiastas son capaces de cualquier cosa.

Va por vosotros

Marc López
Gemma Urgell
Marc Garriga
Ikuska Sanz
Miriam Alvarado
Clement Paume
Edgar Rovira
MArc Pallarés
Joakim Vivas
Ana Fernández
Chris Pinchen
Nuria Jové
Susana Berniola
Anna Zaera
Sergi Sabate
Ana Salazar
Laura Bononchini
Antonella Napolitano
Meritxell Fuster y Jordi Sánchez (AGBAR)
Irina González dirigiendo al equipo de cámaras de la URL Blanquerna
Los chicos de CivicoLive de Birmingham
Y desde NYC Andrew Rasiej, Micah Sifry y Anthony Russomano

domingo, 12 de julio de 2009

Crónicas de New York

Esta vez aterricé en Nueva York sin saber cómo. Las semanas previas habían sido de maratón. El mes de junio se había convertido en un tunel por el que transitar concentrada evitando cualquier dispersión que hiciera peligrar las entregas, todas a final de mes.
Me había autoimpuesto poder viajar “ligera de equipaje” y aprovechar esos días para relajar la mente y hacer un cambio de ciclo.


Cuando no inicias el viaje los días previos, con la imaginación (apenas una divertida despedida entre compañeros “nos vemos en NYC” al separarnos tras una reunión en Barcelona), verte de golpe en el destino, es algo desconcertante. Sobretodo si tras el aturdimiento del viaje sales de las profundidades del subway en pleno Manhattan, un soleado sábado de verano.

Arrastrábamos nuestras maletas intentando no atropellar a nadie en medio de un torrente de gente y tráfico. Conversábamos con la dificultad de vernos separados de vez en cuando por la multitud e intentábamos orientarnos para localizar los hoteles.

Yo en el Chelsea. Javi y Marc lo consideraban demasiado “progre” ;-) pero para mi, alojarme dónde janis Joplin, Cohen, Dylan, Jimi Hendrix y otros ídolos de juventud, pasaron tantas veladas creando, viviendo y muriendo, formaba parte de la magia de este viaje.


Desde el principio no podía dejar de sonreír, de sentirme feliz. Una sensación conocida, claro, pero poco habitual. Ocurre de vez en cuando, dura unas horas, con un poco de suerte, algunos días. No es una felicidad trascendental ni sostenible. No, se parece más a una euforia contenida y siempre pasajera. A veces me la encuentro viajando, pero no siempre: Los platillos giran solos, todo encaja por un instante, los problemas bajan su intensidad, algún miedo superado recientemente y la anticipación de algo ilusionante, quizás son los ingredientes de ese estado que la vida regala a veces. Es simple, casi idiota, pero tan divertido!. Tan necesario.

Recorria los pasillos del Chelsea siguiendo al conserje con ganas de detenerme ante cada cuadro, grafiti, mosaico, estatua, ah las escaleras!, el mármol desgastado del suelo, las puertas de madera viejas y desconchadas. Imaginaba quien habría detrás de cada una de ellas, y a todos los que habían recorrido antes esas salas.

Queríamos cenar en Chinatown pero al final acabamos en Little Italy frente a un buen plato de espaguetti que entraba a deshoras según nuestros horarios biológicos, pero que nos sentó de muerte.
Más de 24 horas después de haberme levantado ese día, entraba, sin perder la sonrisa tonta, por el hall del sugerente hotel dispuesta a dejar allí los primeros sueños.


El domingo por la mañana nos fuimos al Soho. Buscábamos inspiración para preparar la presentación del proyecto NuestraCausa en el ParticipationCamp que se celebraba en la Tisch School of the Arts at New York University.
Nos instalamos en un café y pusimos en marcha la máquina de hacer ideas. Yo suelo asustarme si no preparo las cosas con tiempo (los que han trabajado conmigo lo saben), pero Marc traía munición de primera y en un par de horas, pudimos conceptualizar el mensaje y preparar una presentación.

Escribimos una crónica del evento aquí, así que no vuelvo sobre ello.


Salimos contentos, casi incrédulos y dispuestos a seguir disfrutando del día, y prepararnos mentalmente para la conferencia que nos había llevado allí: Personal Democracy Forum una concentración anual que Andrew Rasiej y Micah Sifry organizan desde hace 6 años y que se ha convertido en la referencia de todos aquellos que creen y promueven el hecho de que las tecnologías y concretamente Internet, está transformando la forma de hacer política.

La sensación durante esos dos días de que allí se daban cita “los que están cambiando el mundo” puede parecer exagerada pero he de admitir que costaba rechazar la idea.

Lo que dio de sí la conferencia lo explica genial JAvi en sus dos post, así que si os interesan detalles, os recomiendo sus crónicas.

Os dejo aquí, algunas fotos de la conferencia.


Para mi, uno de los momentos más emocionantes, el anuncio de la celebración en Europa de la primera PDF, en Noviembre de este año y en Barcelona. Y la primera reunión del equipo europeo y multi-nacional que lo organizamos, en pleno Central Park, sentados sobre la hierba y de catering cocacolas y bocatas. Si eso no es “progre” ya me dirán ;-)

Abandoné NYC la primera, a pocos minutos de finalizar la conferencia. Me despedí de Marc con un profundo “Thanks” por haber hecho posible esta historia y de mi querido Javi, envidiándole los días de más en su ciudad favorita. Aquí, algunas fotos más.


Sobre cómo perder los tejanos que llevaba puestos, en un avión, os hablo otro día no?