viernes, 9 de mayo de 2008

Tócala otra vez Sam

Hay pocas sensaciones parecidas a la de sorprender (gratamente) a un cliente. Ellos son nuestra razón de ser, en nuestra dimensión profesional. Por ellos nos cultivamos, nos preparamos, estudiamos, leemos, pensamos, imaginamos proyectos…son el público de una puesta en escena que ensayamos y afinamos una y otra vez, hasta que nos sentimos satisfechos.
A veces, desafinamos, y otras la música suena bien, pero tocamos una pieza de jazz cuando el cliente espera escuchar una ópera. Y a veces, acertamos. Nos hemos preparado a conciencia y al cliente le suena todo a música celestial. Esos momentos, en mi opinión, no tienen precio.

Claro que luego hay que ponerle precio, y asegurar una rentabilidad, y negociar un contrato, pero eso es ya otro arte. Hoy, me quedo con la magia de un encuentro entre una necesidad y una solución, entre alguien que tiene un problema, un inquietud, un reto, y alguien que ha pensado en como ayudarle.

He compartido la experiencia con dos consultores (los dos maestros artesanos, en cuyas sonrisas y gestos he visto reflejados mis tics de consultora “industrial”) y creo, que lo que ha pasado hoy en el cliente, es el fruto del compromiso, la pasión, la honestidad, y el “gozo intelectual” con el que hemos trabajado durante semanas. Para mi, eso ya era un éxito, en el que hoy hemos incorporado (como invitado a una fiesta) al cliente.

Un verdadero placer.
Seguimos…

3 comentarios:

Javier Llinares dijo...

yo estaba allí, entre el público, y lo he visto todo. Lo certifico. Lo he comprobado. Esto es arte y el arte hay quien sabe interpretarlo y quien no. Hoy el público etsba atento y lo ha sabido apreciar.

Brutal!!!

Odilas dijo...

gracias maestro

MARIA ELENA dijo...

os envido

Calipso