lunes, 9 de abril de 2012

Mal de altura

Los últimos días han sido duros.
Para subir a los Geysers, te pasan a buscar a las 4h de la mañana.
La noche antes lo preparé todo. Hay que llevar abrigo para temperaturas de -10 (en esta época de clima suave) e ir sacándote capas de ropa hasta los 30º c. A los que puedes llegar al mediodía, bajo un sol que quema, especialmente a esta altura.

El despertador no sonó, en su lugar, oí sobresaltada unos golpes en mi puerta y unos gritos que decían mi nombre. Afuera, esperaba el autocar lleno de gente. Me vestí rápidamente, por capas en orden inverso a la evolución de la temperatura del día (muy, muy difícil, en esos momentos de aturdimiento), agarré la mochila y salté al autocar apenas en 5 min., pese a lo cual, me dieron un abucheo en forma de aplauso.

Era noche cerrada, pero la luna llena que vimos aparecer ayer en el Valle de la Muerte, iluminaba ahora las extensiones desiertas que cruzábamos en dirección al Tatio.

Me despertó un frenazo. Nos abrigamos bien y caminamos un rato hacia la zona de los geyser. Las fumarolas que salen a presión desde el suelo, filtraban la luz de la luna formando un paisaje fantasmal, hipnótico.

Desayunamos antes de la salida del sol. Café, galletas y tortas con jamón y queso. Empezamos a hablar y el grupo a perdonarme.

A más de 4.000 mt, tienes que empezar a tomarte en serio cómo respiras y cómo te mueves. Pero el síntoma más evidente que sentí fue un intenso hormigueo en las manos y los pies. “es la combinación de frío y altura, es normal.” Me dijeron.

A medida que clareaba el día, fuimos tomando conciencia del entorno: Un bosque de columnas de vapor y pozas de agua hirviendo (a esta altura a 85º) en un valle rodeado de montañas áridas y picos nevados.
“Quien quiera, luego podrá bañarse en una de esas pozas”, nos dice el guía. A mi en ese momento no se me ocurría sacarme ni un guante. Pero efectivamente, al cabo de unas horas y bajo un insuficiente sol, me sumergía en un agua enlodada y me deslizaba en una piscina natural por la que había que cuidarse bien de evitar chorros de agua muy caliente que surgían, como un jakuzzi asesino, del fondo de la poza.

Durante el camino de vuelta, el madrugón y el cambio de presión hacian estragos entre el pasaje. Caes como un muñeco de trapo sobre el asiento. Aguanté hasta el final, orgullosa de mi forma física de mis eficaces medidas ante el mal de altura. El paisaje era irrenunciable, pero hubiera podido partir los palillos con la presión de mis párpados.
Paramos en un pueblo (no recuerdo el nombre) a estirar las piernas y comer algo. Hicimos cola para conseguir una Sopaipilla (torta de maíz, frita en aceite hirviendo) que una mujer muy mayor preparaba para los turistas en una choza de adobe.

Esa noche salimos a cenar Sandra, Gabriela y yo. Una de sus amigas deja el pueblo y se traslada a Santiago. Hoy es su fiesta de despedida. Aguanto poco y camino los 20 minutos hasta casa. Gaby me acompaña. Hablamos de los crecientes conflictos entre Chilenos y Bolivianos (estamos en tierra de frontera) y de los Atacameños con los “afuerinos” (cualquier persona chilena o no –les es indiferente-, que no tenga raíces entre las familias del desierto). Parece que ejercen una violenta repulsa social ante cualquiera que no sea de allí, aunque vivas durante años, aún incluso, aunque hayas nacido allí, pero con la piel más blanca :(

Al día siguiente subimos a las Lagunas Altiplánicas (Miscantis y Miñiques a los pies de los dos volcanes del mismo nombre más de 5.500 mt).
Me encontré mal desde el principio. Aguanté el tipo durante la visita al Salar de Atacama, pero a medida que avanzábamos, ninguno de mis fantásticos remedios contra el mal de altura, evitaron los vómitos, la descomposición y un sopor delirante durante toda la jornada.
Mientras los demás visitaban poblados camino y de vuelta de las lagunas, yo dormía en el asiento de la última fila del autocar.
Las lagunas preciosas, pero yo sólo quería llegar a casa YA!.

Al llegar a Incahuasi, la hija de Sandra me dio un teléfono para llamar a un taxi que me llevara a un Resort-Spa, a unos Km del pueblo. Las llamé para avisar que no iría, pero me convencieron de que lo que necesitaba exactamente en ese momento era un jakuzzi, una sauna, piscina, masaje, y una buena cena, rodeada del máximo confort y bienestar.

"Ah!, El desierto ya no es lo que era!!" dijo una de ellas, al más puro estilo "Sexo en Nueva York". Estallamos en risas sumergidas en el jakuzzi al aire libre.

Ya es lunes , escribo estas últimas líneas en la furgoneta que atraviesa (ahora lo sé) la Cordillera de la Sal, en dirección al aeropuerto de Calama, dónde embarco hacia Santiago.

Mañana a las 10h, tengo la primera reunión de trabajo. Tengo la sensación de que no recuerdo nada de lo que iba a contarles.

4 comentarios:

Amalio Rey dijo...

jjjj... compañera, amiga... cuando empezaste diciendo que "los últimos días han sido duros" e ibas relatando tus aventuras, no pude evitar una sonrisa socarrona mientras me decía: "vaya, quiero esa dureza para mi", qué ganas, coñi... Pero a medida que fui avanzando el relato, casi que me pongo a llorar. Pobrecita mi niña. Pos'si, el "mal de altura" es jodidísimo, y entiendo lo mal que se pasa. Yo de momento me he salvado, a base de pastillas de ajo, cuando he estado por la Puna argentina, pero si hablamos de alturas superiores a 4000 mts., entonces esa es otra liga... muy duro, y uno nunca sabe cómo va a aguantar el cuerpo.
Me ha gustao eso de "El paisaje era irrenunciable, pero hubiera podido partir los palillos con la presión de mis párpados". Menos mal que no estabas conduciendo...
¡¡disfruta!!
bss

MarcG dijo...

A mi también me ha encantado la expresión "hubiera podido partir los palillos con la presión de mis párpados".

Dicen que el mal de altura es muy jodido, como también es muy jodido comer ostras en mal estado.

Por suerte, nunca he padecido ninguno de estos dos "males", pero conozco gente que sí, y francamente, uno no quiere volver a subir montañas y el otro ya lleva más de 10 años sin comer una ostra...

Que te vaya bien por Santiago! :)

Anónimo dijo...

hmmm...que recuerdos!!! (te voy siguiendo) Un beso enorme.
Tu prima Laura
muac

Julen Iturbe-Ormaetxe dijo...

Vómitos, descomposición y sopor, curiosa forma de disfrutar. Mira que hacemos cosas curiosas los humanos para pasarlo bien en esta vida. Suerte con las reuniones ;-)